jueves, 12 de julio de 2012

Ketchúp Tartufo


Buenas!

Hoy les dejamos una receta sencilla y con la que conseguimos un resultado cuanto menos curioso. ¿Qué se suele hacer en cualquier casa cuando los tomates se nos van quedando maduros? Salsa de tomate… of course. Pero, como aquí en casa de los señores Tartufo nos gusta hacer cositas diferentes, esta vez en vez de salsa de tomate al uso, nos propusimos hacer un kétchup… siguiendo con nuestras americanas de esta semana.

Todos pensamos que el origen de kétchup se encuentra en Estados Unidos, ya que si lo conocemos es gracias a ellos; sabemos que lo utilizan para todo: costillares, hamburguesas, papas (patatas),… todo… Una noche, a horas intempestivas, en Cuarto Milenio, oímos que un tipo en la America profunda lo utilizaba como champú (de acuerdo que esto pudo haber sido producto de nuestra somnolencia). Lo cierto es que ni esta salsa es americana, ni por supuesto tiene efectos positivos como crece-pelo.

El que caso es que los orígenes de esta salsa se remontan a hace varios cientos de años, en China. Lo curioso es que no llevaba tomate. Simplemente era una salsa muy picante realizada a base de mogollón de especias y que utilizaban para acompañar al pescado y la carne. En común con la que conocemos hoy en día, dos cosas: el color rojo y un nombre similar (ketsiap). En el s. XVIII, los marinero ingleses que arribaban en las costas asiáticas, probaron esta salsa y la “exportaron” a Gran Bretaña. Allí “tunearon” el ketsiap para que resultara más apetecible para los paladares ingleses: le añadieron vinagre, cebolla, mostaza, etc…
Esta nueva receta fue una vez más llevada por los marineros ingleses, esta vez hasta USA, donde le añadieron el tomate a la receta. Una vez allí, en 1876, el señor Heinz, listo como pocos, comenzó a comercializarlo y a envasarlo, primero en cristal y ya en los ´90 del siglo pasado, fue el primero en envasar esta salsa en los botes de plástico que todos conocemos y que se distribuyen por todo el mundo. Además, el señor Heinz no lo tuvo difícil, de hecho su marca fue la única autorizada en Estados Unidos durante muchos años.

Informándonos acerca del kétchup, hemos leído algo que no podemos pasar por alto: la tasa de penetración de esta salsa en los hogares norteamericanos es del 97%, sólo por debajo de la sal, el azúcar y la pimienta… Cada americano consume aproximadamente un litro de kétchup al año!!! Nos reservamos nuestra opinión.

Tal es el arraigo de esta salsa que durante La Gran Depresión (no la de ahora sino la de principios del siglo XX), se propagó la costumbre de servir en las cafeterías, junto al café, un vaso de agua caliente a la que luego el comensal le añadía un chorrito de kétchup (en las mesas había sal y kétchup), con lo que se hacían una especie de sopa de tomate con la que poder calentarse el estómago.

Bueno, el resultado obtenido ha sido una salsa de tomate dulce… es decir, kétchup. Eso sí, totalmente diferente al de bote, al que se compra en el super o nos ponen en los perritos. Esto es salsa de tomate y sabe a tomate, que es a lo que tiene que saber. Así que: americanada, sí, pero made in Casa de los Señores Tartufo.

Vamos con la receta.










Ingredientes:
 

2 kg de tomates muy maduros
2 cebollas
100 ml de aceite de oliva
3 dientes de ajo
3 cucharadas de azúcar
10 cucharadas de vinagre de manzana
1 cucharada de miel
10 granos de comino
5 granos de pimienta negra
Un clavo
Una nuez de mantequilla
Sal




 * Nota: nosotros cometimos el erros de utilizar vinagre de jerez (que era el que teniamos en casa en ese momento). No lo recomendamos ya que oscurece demasiado la salsa. Es mejor utilizar un vinagre con una tonalidad clara, por ejemplo de manzana.



Elaboración:


Ponemos un cazo al fuego. Agregamos el azúcar y la miel y dejamos caramelizar a fuego muy lento con cuidado de que no se queme.



Cuando el caramelo esté rubio, añadimos la mantequilla y el vinagre y dejamos reducir unos segundos. A continuación agregamos las especias y la mantequilla.




Cortamos las cebollas y los ajos en mirepoix (muy pequeño).




Los añadimos al cazo junto con un buen chorro de aceite de oliva. Seguidamente lavamos y cortamos los tomates en gajos y los añadimos al guiso.





Pochamos a fuego muy lento durante una hora, removiendo de vez en cuando. Trituramos todo y salpimentamos. Si es necesario podemos rectificar de azúcar o miel.





Que aproveche!


 

3 comentarios:

  1. Se lo he pasado a una amiga. A ver qué me cuenta cuando lo haga. Seguro que está riquísimo. Buen fin de semana. Elba

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  2. Ok Elba, ya nos cuentas qt dice tu amiga y si puedes lo pruebas tú también. Muxus!

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  3. ¡anda! ketchup. Pues con esto no me he animado yo todavía... Y desconocía totalmente la historia, es muy curioso el "apropiamiento". Listo el señor Heinz. Jaja. Me he reído con esto de la Gran Depresión II, por lo menos... por no llorar!

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